neurociencia

Estrés: la cantidad determina la calidad

Conociendo nuestros circuitos de amenaza y recompensa

cerebroNuestro cerebro funciona 24h al día durante los 365 días del año y desde esta activación sostenida, esta constantemente tratando de predecir el futuro y evitando la incertidumbre. Solo de pensarlo, resulta agotador. Nuestro cerebro más instintivo evalúa todos los estímulos provenientes del mundo exterior de una manera sencilla en función de su contribución a nuestra supervivencia, y los vincula a dos tipos de sensaciones, el placer y el dolor.

Imagina a tu cerebro, concretamente tu hipotálamo, activando cada dos por tres el circuito de alerta-amenaza, vinculado con el dolor, o el circuito de recompensa, vinculado con el placer, en función de su propia interpretación. Tratando de elegir una respuesta u otra en pro de nuestra supervivencia. ¡Cuánta responsabilidad! Al menos, son solo dos opciones, pero a simple vista, parece agotador. Si tenemos en cuenta que el hipotálamo, regula la liberación de hormonas en la hipófisis, mantiene la temperatura corporal, y organiza conductas, como la alimentación, ingesta de líquidos, el sueño, apareamiento y agresión; también es la región responsable del control de la expresión fisiológica de la emoción y se considera que en él se forman sustancias químicas que generan la rabia, la tristeza, la sensación amorosa, etc. imaginaos el efecto amplificador que puede tener en nosotros la excesiva activación del circuito de amenaza.

¿Cuál es la señal o la clave, para que se active un circuito u otro? Tal vez conociendo los detonantes, podemos regular mejor nuestras propias respuestas y también podríamos impactar mejor en los circuitos de los demás, por ejemplo con cómo ejercemos nuestro liderazgo si tenemos equipos. Según la la neurocientífica Sonia Lupien, fundadora del Centre for Studies on Human Stress en el Douglas Hospital de Montreal de Canadá, las cuatro causas más habituales de estrés por las que se activa nuestro sistema de alerta son: aquellas que resultan una novedad para nosotros, o las que son impredecibles, o cuando perdemos la sensación de control, o aquellas situaciones en las que nuestra personalidad se siente amenazada (por ejemplo, cuando alguien se cuestiona nuestro trabajo). La mala noticia, es que estamos rodeados de circunstancias de este tipo que no siempre son amenazas para la supervivencia aunque las vivamos como tal, y las implicaciones del estrés, se amplifican en nuestro organismo cuando no podemos regularlo. 

Si pensamos en nuestro día a día, son pequeñas situaciones o mejor dicho, un cúmulo de pequeñas situaciones las que pueden activarnos estas respuestas de alerta, en el trabajo, con amigos, con la pareja… situaciones en las que nuestra personalidad se siente amenazada por lo más mínimo. Una reciente investigación de Hidehiko Takahashi muestra que, cuando una persona cree que la comparación con otra no la favorece, aparece la respuesta de amenaza, liberándose cortisol y otras hormonas relacionadas con el estrés. Joan Chino descubrió, que el circuito neural que evalúa el estatus es similar al que procesa los números; el circuito opera aunque la apuesta sea insignificante, y es por eso que ganar un juego de mesa o ser el primero en arrancar con la luz verde produce tanta satisfacción. Por otra parte, el investigador Michael Marmot mostró la correlación entre el estatus alto y la longevidad y la salud humanas. En suma, que estamos biológicamente programados para preocuparnos por nuestro estatus, porque favorece nuestra supervivencia. Al entender el rol del estatus como una cuestión central, los líderes pueden evitar las prácticas organizacionales que generan en sus colaboradores una respuesta de amenaza. Las evaluaciones de desempeño por ejemplo suelen provocarlas, si se percibe como un cercenamiento del estatus.

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Con respecto a la incertidumbre o a la novedad, sabemos que en una parte del cerebro denominada corteza cingulada anterior, ambas se registran como un error: es algo que debe corregirse para volver a sentirnos cómodos. No saber lo que ocurrirá puede ser profundamente debilitante, porque requiere una energía suplementaria, lo cual disminuye la memoria, perjudica el  rendimiento y  nos distrae del presente. Sin embargo, una leve incertidumbre atrae el interés y la atención. Por lo ello, los líderes pueden crear una percepción de certidumbre que permita formar equipos seguros. Compartir la estrategia,  planes de negocios, las razones de un cambio y la estructura de la organización, contribuye a crear tal percepción de seguridad.

Por último, si hablamos de la percepción del control, sabemos que cuando un animal se enfrenta a situaciones de estrés, el grado de control que posee determina si ese factor de tensión socavará su capacidad para funcionar. Imagina esta escena: un arquero disparando una flecha a una persona con una manzana en la cabeza. ¿Cuál de los dos está estresado? Obviamente el hombre diana, pues el arquero es quien tiene el control de la situación. De manera similar, en una organización, mientras la gente sienta que puede ejecutar sus propias decisiones sin excesiva supervisión, el estrés estará bajo control. Presentar a la gente opciones, o permitir que organice su propio trabajo, provoca una respuesta con menor estrés que si se  imponen instrucciones y rígidos horarios.

La clave está en la dosis, la cantidad del estímulo estresante puede determinar la calidad de la respuesta.

La búsqueda del equilibrio o del centro es el camino, pues sabemos que cuando la incertidumbre es excesiva, la pérdida de control abrumadora, las amenazas a nuestra persona son debilitantes, no podemos dar lo mejor de nosotros pues estamos más preocupados en defendernos de la amenaza y no tenemos energía para otra cosa en ese momento. Y también sabemos que las situaciones nuevas y desafiantes crean una ligera respuesta de amenaza y aumentan los niveles de adrenalina y dopamina apenas lo suficiente como para despertar la curiosidad e infundir la energía necesaria para resolver problemas y movilizarnos para dar nuestra mejor versión de nosotros mismos.

¿Cómo percibo que estoy en alarma-amenaza? Algunos pequeños síntomas cotidianos:

  • Cuando la percepción de escaso control sobre la agenda aumenta.
  • Aparece tensión muscular, rigidez en el cuerpo.
  • Cuando la mente se imagina lo peor.
  • Si los objetivos de trabajo suponen una carga en lugar de un reto estimulante.
  • Dificultad en la toma de decisiones, dudas y miedo.
  • Problemas de concentración e incluso pequeñas pérdidas de memoria.
  • Cuando hay algún cambio en los hábitos diarios como por ejemplo la alimentación (comida rápida, desajustes en el horario de comida, comer más o comer menos, bebidas alcohólicas…)
  • Cuando ha vuelto o ha empezado a morderse las uñas.
  • Dolores de cabeza.
  • Problemas para conciliar el sueño, este síntoma es muy frecuente, sucede cuando las cosas no se han cerrado correctamente o nos preocupan en exceso o nos superan… y al final se vienen a dormir con nosotros.
  • Hablar demasiado rápido o gesticular en exceso.
  • Altibajos en el estado de ánimo, pasar de la risa desorbitada al llanto más profundo.

Marta Romo

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